A la hora de adivinar
ya no suelo atinar
ya no puedo sospechar
de tu muy extraño caminar.
Si me comienzo a sorprender
incluso del anochecer
no voy a suponer
que no vayas a enloquecer.
Y si usted hoy confiesa
con su boca que no sabe a fresa
que no cumplirá su promesa
yo de usted puedo escaparme ilesa.
Cuando sólo queda esperar
y ya no hay nada más que hacer
quisiera al menos incriminar
tu poca disposición a ceder.
Pero sí mantienes tu promesa
y por ello estoy aún presa
de tu mirada indecorosa
y no puedo escapar airosa.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario