miércoles, 28 de octubre de 2009

Días como respuestas (uno)

Domingo. - Acababan de llegar de bailar… Olivia y Camila estaban comentando algunos acontecimientos divertidos de la noche, mientras se cambiaban y se limpiaban el maquillaje… Entre esos comentarios Camila retaba a Olivia por no haber querido darle el número de su celular a un chico – que no causaba tanto daño a la vista – y que ni siquiera había accedido a bailar con él… Olivia respondía con excusas graciosas referidas a su nombre y demás. Ante las insistencias de Camila con respecto a Mauricio y su necesidad de buscar una suerte de “respaldo”, quiso evitar más comentarios… y sólo dio lugar a muchos más al decir: “cómo le voy a dar mi número… no se lo di porque amo a mi novio y punto”.

Días que son como cien años de soledad (uno)

Sábado. - La verdad, es que estaba triste, estaba experimentando un verbo que no había experimentado antes al parecer… o por lo menos no así: extrañar.
Le resultaba un verbo extraño, un poco huraño, y sólo por eso ya no le estaba gustando demasiado…Sí lo había experimentado antes, pero no de tal manera… y no le gustaba… Se sentía desganada, quería hablar con él, y estar con él más que nunca… Si bien era posible que esa sensación se haya intensificado con la imposibilidad –geográfica – de verlo, aún así quería verlo y estar con él, etc.
En ese momento, se dio cuenta de un pequeño detalle, desde que había abierto sus ojos, no había pensado en muchas cosas más que en lo que tenía que rendir el lunes, Mauricio, qué harían a la noche con las chicas y… Mauricio… y este último (Mauricio), no se había tomado la molestia de mandar un triste mensaje – ni meloso ni no meloso –.
Ante este hecho, Olivia se enojó y dedicó su tiempo a estudiar lo que debía estudiar, luego se fue al ensayo que tenía esa tarde y a la noche, salió con las chicas a bailar.
Si volvió a pensar en Mauricio… y todavía lo extrañaba… pero ahora, además, estaba embolada.
Cuando se encontró con las chicas (todavía no le había mandado un mensaje), hizo su descargo mientras se vestía y se maquillaba, y se fueron a bailar con las chicas…
Aún enojada… pasada la media noche, le mandó un mensaje… cortante, malhumorado… pero aún así le mandó… y por suerte, él le contestó… (eso no evitó el embole)…
Lo que realmente le preocupaba, era que el sentir esa sensación… de extrañarlo tanto… podía llegar a decirle que, quizás… y sólo quizás… no sólo lo quiera mucho…

lunes, 5 de octubre de 2009

Días... de todos los climas (uno)

Sábado. - Olivia estaba ansiosa, esa noche lo vería de nuevo, y probablemente mucha más gente conocida se enteraría de que ellos andaban iniciando algo... aunque todavía no había nada muy definido, sabían que era el inicio de algo.
Se pasó la mañana caminando de un lado al otro, haciendo lo que tenía que hacer y pensando para sí misma que podía ponerse... un pequeño inconveniente que había surgido de forma reciente: se había enterado de que los colores que frecuentaba al vestir, no eran exactamente los colores que a él más le agradaban... Eso, era un problema.
Antes de que los chicos las pasen a buscar, estaban listas y preparadas.
Estuvieron un rato hablando y tomando algo hasta que decidieron irse a la fiesta.

La fiesta... era un bajón. No había mucha gente, no había mucha onda, ni mucho alcohol. Horrible... por lo que empezaron a pensar qué podían hacer o a dónde podían ir un rato más tarde.

Dos horas más tarde más o menos, fueron a la casa de él, ya que estaba solo por esa noche... Esto puso un poco más ansiosa a Olivia... y no sólo porque iba a conocer la casa de él...
Cuando llegaron, pusieron música, tomaron algo... después él y Olivia salieron al patio y ahí las cosas empezaron a ponerse más interesantes... de repente ya no hacía tanto frío, a pesar de la lluvia...

Los besos eran más dulces y a la vez intensos, la respiración se hacía más profunda y los corazones latían más rápido que antes. Sus manos empezaban a inquietarse y entonces los besos eran más suaves de nuevo. Volvieron a entrar, el perro ladraba mucho.
Adentro continuaron lo que habían iniciado afuera, sólo que esta vez, de una manera más horizontal y cómoda...

El ruido de la lluvia entraba desde la ventana y recostados uno al lado del otro, abrazados, mirándose en la oscuridad, recuperando el ritmo cardíaco a la normalidad.