viernes, 11 de septiembre de 2009

Días que huelen a naftalina (uno)

Lunes.- Olivia se despertó tarde y salió lo más rápido que pudo, rogando en el ascensor de no olvidarse nada.
Cuando estaba ya en el colectivo, descubrió un lugar vacío insospechado, y se sentó, aprovechando la ocasión para abrir el bolso y revisar si efectivamente no había olvidado nada... aunque sabía que de nada iba a servirle, porque no iba a volver a buscarlo.
Dos segundos más tarde, el chico que estaba sentado a su lado le preguntó la hora y ella, sin verlo le mostró el reloj al tiempo que le dijo "nueve y veinte", seguidamente él le contestó "vas tarde ¿o no?". Recién ahí, Olivia giró su cabeza para ver al personaje un poco desubicado que la cuestionaba, y se encontró con un ser sonriente que - con conocimiento de causa - sabía que sí, iba tarde... como siempre... Era el Flaco, Olivia no lo podía creer y se le notó... "Se suponía que no estabas en Tucumán... bueno, ni siquiera en ¡Argentina!", "No estaba, llegué ayer", "¿Cómo te fue?", "Durísimo, pero bien...".
La historia con el Flaco es larga pero duró poco: algo parecido a que cuando empezaron a salir, se conocían poco y de lejos (y quizás por eso se llevaban tan bien...), pero cuando empezaron a verse todos los días... al principio era precioso, pero al cuarto mes, Olivia se aburrió... Y ella creía que él también... por lo que decidieron terminar, antes de que los malos momentos superen los buenos... Muy civilizados...
"Me bajo acá", "Yo sigo", "Dame tu cel así nos juntamos"... Y después del intercambio del números y la promesa de encontrarse, Olivia bajó del colectivo y fue a clase.

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